Significa tanto la popa para muchos coterráneos que el solo hecho de avistarla desde el horizonte es conectar todos los sentidos con la ciudad, esa vista nos activa la imaginación, comenzamos a programar y planificar nuestra estadía en el terruño amado, de la misma forma perder su imagen es un acto silencioso de despedida de la ciudad. Esa formación geográfica y el convento que se edificó en su cima desde tiempos de la colonia, para erradicar supuestamente las malignas consecuencias de la adoración a busirako por los negros africanos, podríamos afirmar sin equívocos, como referentes de la ciudad, incluso pareciere que desde ella la virgen de la candelaria, nuestra protectora, cuidara a la siempre heroica Cartagena de Indias. Pero todo esto pareciere que no se valora ni se quiere dejar al goce de futuras generaciones de Cartageneros. Durante muchos años hemos visto con complicidad como se deteriora nuestro cerro histórico, como se desgarran sin contemplación alguna los elementos naturales que lo sostienen, sobre este solo se ejecutan trabajos paliativos y en su gran mayoría estéticos, con especial ahínco en las épocas que se acercan las llamadas temporadas altas establecidas por las agencias de turismo pero nada más. Lo anterior obedece a que, como en todo en Cartagena de indias, al cerro de la popa se le observa con una óptica miope, solo pensando en su valor turístico, desconociéndosele su verdadero valor cultural e histórico. Esa clase de medidas solo aceleran los asentamientos ilegales, pues la labor de maquillarlo incita a muchos a aprovechar la ornamentación recién ejecutada para ubicarse en mejores condiciones en las laderas de dicho cerro, es decir brilla por su ausencia en el trabajo de recuperación lo educativo y preventivo. Lo que se espera es una regulación especial para el cerro, esa regulación se puede armonizar en normas no solo protectoras del medio ambiente sino que también en aquellas que resguardan el legado cultural, nuestro pobre cerro de la popa no solo hace parte de la bella geografía local sino también del amplio y rico legado cultural de la ciudad, por ello es menester que con esa importancia sea tratado y se pongan en marcha políticas públicas para su recuperación y guarda.
Exclusivo para ADN-Barranquilla
JUAN CARLOS PEREIRA HERRERA
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